Es como andar en bicicleta

Soñé que andaba en bicicleta, en la ruta que hacía para ir a estudiar los misterios del guón de cine. La sensación era la de estar en pleno vuelo, porque iba sin manos. Nunca pude andar en bici sin manos, excepto en este sueño. Aprendí a andar en bicicleta de grande. Tenía 10 años. Era grande: piernas grandes, culo grande, huesos pesados.

La relación masa velocidad convertía la mínima caída en una rodilla rota, un jean roto, la piel rota. 

Aprendí a andar lanzándome contra la pared. La pared del garage de la casa de mi amiga Valeria. Valeria y su hermana, yo y mi hermana, éramos dos parejas de mejores amigas. Nos íbamos a su casa enorme a pasar las tardes después del cole. Allí agarraba la bici ajena y me dejaba llevar por la pendiente hasta encontrarme con las dos puertas de madera que formaban una perfecta pared. Ni siquiera pedaleaba. El objetivo era dejarme llevar, mantener el equilibrio, y caer con la mayor gracia posible. 

Hasta que en la navidad de ese año en particular llegó mi bici. Una oxford blanca en la que decidí montarme vestida con un impecable mono amarillo, al calor de un verano interminable que apenas comenzaba. Cuando estuve lista, subí a mi hermana atrás, a riesgo de caernos las dos, porque aún sin saber, sabía que iba a aprender. Como un grito de guerra para atrevernos ella gritaba “Vive tu oxford” porque era el slogan de la marca de bicis. 

Solas, dando vueltas en el descampado. No había nadie que nos enseñara a andar en bicicleta. Me hice mierda las piernas, me caí muchas veces. Aprendí a andar y nunca más me pregunté cómo es que se hace. 

Se dice “Es como aprender a andar en bicicleta: no se olvida”. ¿A quién no se le olvida? ¿A la mente? ¿Al cuerpo? No sé. Me atrevo a pensar en otra dimensión y sentencio: al espíritu no se le olvida la confianza absoluta que tuvo que ejercer para andar en bicicleta. Como la esperanza, eso que empuja con fuerza y mantiene la vida. Hay un propósito, una vida que se vive en la esperanza de futuro, en la ciega confianza del día de hoy y el día de mañana, a pesar de la amenaza cierta de la finitud. Nunca fui tan vulnerable, y nunca confié tanto en mi misma como en esos días de aprender a andar en bicicleta dejándome llevar hacia una pared. Nunca confíe tanto en mí como en esos días de verano cayéndome con estilo en mi mono amarillo sol. Entonces pienso en la confianza unida a la vulnerabilidad, a la valentía que alimenta la fuerza de mis piernas. 

Soñé que andaba en bici sin manos y al notar mi hazaña me sentí alegre. Por primera vez erguida, disfrutando mirar las flores de la primavera en la arboleda, sintiendo que puedo ¡Que puedo! Entonces me desperté alegre y salí a probar andar sin manos. Lo logré de a pequeños intervalos. Me propuse secretamente practicar hasta lograr pedalear relajada sin tocar el manubrio por lo menos una cuadra. Pensé en la alta chance de darme contra el piso y decidí que lo voy a intentar a riesgo: darme con lo que tenga que darme. La confianza implica la vulnerabilidad y es la aceptación absoluta de la posibilidad de perder el equilibrio, fallar, caer, doler. Al miedo, habrá que sacarlo a dar una vuelta. Es hora de tener aún más confianza, de poner la carne a temblar y el corazón a gritar: “Vive”



Comentarios

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Leerte fue un poco como avivar cosas, algunas nuevas, otras de esas que pensas perdidas en el tiempo.
    Me enseñaron a andar en bici. Mi viejo me llevó a una calle sin tráfico y sin demasiados preambulos y con toda su pedagogía germana, me lanzó a andar. Es algo con lo que fallé con mi propio hijo. Con o sin pedagogía, no logré enseñarle a andar. Hoy me parece tarde, tuvimos algún intento fallido y la bici ahí quedó, flamante y vacante.
    Por otro lado, el andar en bici sin manos es la forma más mundana y pequeña que tenemos de volar. Un vuelo asistido, de alturas limitadas y nada de aleteos , pero vuelo al fin.

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    1. Cada uno tiene su tiempo y su forma de aprender a volar. Tu niño lo descubrirá. Gracias por leer.

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  3. Ey! Quién es esa Valeria que no soy yo? 🤣 Amé leerte. Espero con ansias el próximo

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