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Experiencias extraordinarias

La maternidad es una experiencia extraordinaria. Es éxtasis y la más salvaje herida a la ilusoria construcción de quienes somos. Nunca más serás. Nunca más. Es una cicatriz de dolores físicos y emocionales. Es una experiencia salvaje. ¿Qué significa salvaje? Dicho de una planta: que ha crecido sin ser cultivada; de un animal, que no ha sido domesticado; de un terreno, que es áspero. Dicho de una actitud: que no está controlada, dominada.  En el teatro insisto, en la casa insisto, en la escritura, en la amistad insisto, en mi madre insisto, en el amor insisto, en mi hijo insisto. No bajo los brazos, sigo luchando. Es áspero. Es complejo, trae lágrimas, sudor, esfuerzo, frustración. Es un proceso. Lo que se ve es sólo eso, lo que se ve. Por fin entiendo y me regocijo de los años que tengo encima: no existe la perfección. Atarse a una expectativa de resultado no sólo complica el presente sino que compromete la creatividad, la tan valiosa ánima que habita en cada uno, de ir más allá, d...

Tenía que ser con conejos y chocolate

Es domingo y llovizna. Envié algunos mails. Hice algunas preguntas. Me organicé. Desayuné unos huevos pasados por agua. Tengo a mi lado un libro que leer, que marcar, que diseccionar. Es la materia prima de una obra de teatro en la que estoy trabajando. También quiero organizar mi ropa. Una bolsa de cosas que no sirven más, otra de cosas que no uso y que voy a llevar a mi trabajo.  Silenciosamente coordinadas, las mujeres y disidencias estamos haciendo circular ropa en nuestros trabajos. Ahora mismo llevo a mi oficina unos zapatos re lindos que no me quedan. me los trajo un amigo desde su laburo, de una de las partidas de ropa que llevaron las chicas. Es un talle que no le quedó a nadie. Cuando sobra algo, el protocolo aún no escrito dice que hay que pensar en una conocida o llevarlo a la iglesia. Y es raro escuchar la palabra Iglesia en las bocas de esas mujeres jóvenes, independientes, feministas. ¿Habrán pisado la iglesia alguna vez? ¿Habrán pasado arrodilladas, penitentes como ...

Es como andar en bicicleta

Soñé que andaba en bicicleta, en la ruta que hacía para ir a estudiar los misterios del guón de cine. La sensación era la de estar en pleno vuelo, porque iba sin manos. Nunca pude andar en bici sin manos, excepto en este sueño. Aprendí a andar en bicicleta de grande. Tenía 10 años. Era grande: piernas grandes, culo grande, huesos pesados. La relación masa velocidad convertía la mínima caída en una rodilla rota, un jean roto, la piel rota.  Aprendí a andar lanzándome contra la pared. La pared del garage de la casa de mi amiga Valeria. Valeria y su hermana, yo y mi hermana, éramos dos parejas de mejores amigas. Nos íbamos a su casa enorme a pasar las tardes después del cole. Allí agarraba la bici ajena y me dejaba llevar por la pendiente hasta encontrarme con las dos puertas de madera que formaban una perfecta pared. Ni siquiera pedaleaba. El objetivo era dejarme llevar, mantener el equilibrio, y caer con la mayor gracia posible.  Hasta que en la navidad de ese año en particular...