Tenía que ser con conejos y chocolate
Es domingo y llovizna. Envié algunos mails. Hice algunas preguntas. Me organicé. Desayuné unos huevos pasados por agua. Tengo a mi lado un libro que leer, que marcar, que diseccionar. Es la materia prima de una obra de teatro en la que estoy trabajando. También quiero organizar mi ropa. Una bolsa de cosas que no sirven más, otra de cosas que no uso y que voy a llevar a mi trabajo.
Silenciosamente coordinadas, las mujeres y disidencias estamos haciendo circular ropa en nuestros trabajos. Ahora mismo llevo a mi oficina unos zapatos re lindos que no me quedan. me los trajo un amigo desde su laburo, de una de las partidas de ropa que llevaron las chicas. Es un talle que no le quedó a nadie. Cuando sobra algo, el protocolo aún no escrito dice que hay que pensar en una conocida o llevarlo a la iglesia. Y es raro escuchar la palabra Iglesia en las bocas de esas mujeres jóvenes, independientes, feministas. ¿Habrán pisado la iglesia alguna vez? ¿Habrán pasado arrodilladas, penitentes como yo, minutos interminables en un piso frío de Iglesia, solas, pidiendo perdón por ser como son? Me pone la piel de gallina la palabra Iglesia con sus castigos y sus crucifijos.
Hoy es domingo de resurrección. Jesucristo resucitó y no se de donde apareció un conejo con huevos de chocolate. La cosa es que todo es fiesta. La única razón por la que este rito me da vueltas en la cabeza es por la idea de ciclo. Con cristo resucitado llegó el otoño. Me gusta el otoño, me deja respirar despues del embotamiento, de la calentura, del delirio, de la fiebre, de la asfixia del verano. Estoy entera. Eso me digo frente al espejo. Hay algo que terminó y algo que comienza. Feliz domingo de resurrección. La resurrección de la fe en el devenir de las estaciones del año. La fe en el tiempo que todo lo cura. Mi amiga Carla me dijo: "Ser optimista es lo único que me ha mantenido viva" Ella le dice optimismo, mi mamá le dice fe, mi abuela le decía esperanza, yo ultimamente le llamo confianza. Todas hablamos de los mismo: de la voluntad de seguir adelante, de rearmar, de revivir. Será por eso que este día tenía que incluir conejos y chocolates, carne liberada, vino y pan. Es eso que todos nombramos de manera diferente pero que es lo mismo en aquellos que profesan y practican su religión, y en todos nosotros los otros: el deseo de renacer.
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